El mundo en sí consiste de recipientes. El mismo planeta lo es. Todo contiene algo. El exterior puede ser imponente e incluso atractivo, pero el contenido indudablemente es fundamental.
Vemos, por ejemplo, búcaros con exhuberantes plantas y ramos de flores (naturales o artificiales), y si alguno está vacío al comprarlo, de seguro poco después contendrá algo agradable a la vista. Ese es su futuro.
Recipientes metálicos con muy buena comida, portarretratos con alegres caras, botellas con bebidas de calidad … También un parque es un recipiente, con sus jardines, bancos, personas … Las calles, con sus aceras, tiendas, fachadas, personas … Casas, con sus esplendorosos diseños, vistosos adornos, tecnología moderna, personas …
Aunque en algunas ocasiones y lugares se comprueba a simple vista (¡o por el sabor!) que el contenido no es “tan bueno” (la causa puede ser objetiva o subjetiva), nuestra ocupación constante es embellecer el exterior de esas “vasijas inanimadas” (principalmente las que nos pertenecen por propiedad), y dotarlas de un contenido verdaderamente impresionante, sin escatimar esfuerzos ni sacrificios. ¡Muy bien!
No es exagerado decir que el ser humano es un recipiente: tiene esqueleto, venas, músculos, cerebro … pero principalmente actitudes y aptitudes (¿educación?). Este tipo de recipiente andante puede impresionar fuertemente por su aspecto exterior, pero lamentablemente ese “contenido espiritual” puede no estar a esa misma altura (a veces por deterioro) o incluso estar vacío, y entonces intentamos llenarlo con cualquier cosa. ¡Muy mal!
¿Estamos dispuestos a esforzarnos y sacrificarnos por mejorar en cualidad también nuestro “contenido espiritual”? Nunca es tarde para comenzar a hacerlo. Es nuestro futuro.
Comentarios recientes